Contexto

El turismo en Centroamérica

El turismo se ha convertido en un destacado vector de desarrollo económico en la región centroamericana, si bien es cierto que la dinámica seguida por este sector ha sido más pausada en comparación con otras áreas próximas, tales como el Caribe o el sur mexicano, en parte se ha debido a la situación de inestabilidad vivida en la región durante los años ochenta. Fue en la siguiente década cuando el turismo empezó a experimentar un fuerte crecimiento, siendo Costa Rica y Panamá los países que abanderaron y lideran este proceso según muestra el índice de competitividad turística mundial (CCT, 2011).

Esta evolución al alza ha sido sostenida de año en año, como muestra el crecimiento promedio anual (+7%) en la región de las llegadas de turistas desde el año 2000 hasta la fecha, a excepción de la ralentización sufrida a fi nales de 2008 consecuencia de la crisis económica internacional. Este episodio tocó fondo en 2009 con una reducción del fl ujo de turistas en el mundo de 40 millones pero que pudo recuperarse en 2010 (945 millones) y que logró su récord en 2011 con 982 millones de turistas internacionales viajando por el mundo, según el informe anual 2011 de Organización Mundial de Turismo (OMT).

En su conjunto el sector turístico centroamericano está caracterizado por una alta dependencia (85%) del continente americano; el primer lugar lo ocupa el turismo intrarregional con un promedio del 42% en los últimos cinco años, seguido del turismo norteamericano con el 37% de las visitas, estadounidenses en su mayoría.

En el análisis de los países por separado, destacan los casos de Nicaragua y Panamá por su rápida tendencia de crecimiento actual, pero son Costa Rica y Guatemala los países que han tenido la mayor cantidad de visitantes en la última década.

Es en este contexto que los gobiernos centroamericanos observaron a principios de los años noventa el turismo como un sector estratégico en el marco de la XVIII Reunión de Presidentes centroamericanos. Si bien el Consejo Centroamericano de Turismo (CCT) fue creado en 1956, con una ofi cina permanente que se denomina Secretaría de Integración Turística Centroamericana (SITCA), no fue hasta la Declaración de Montelimar (1996) cuando se propuso la integración turística regional, que permitiera unir los esfuerzos en este sector potenciando la promoción intrarregional, la colaboración con el sector privado, la comercialización de paquetes turísticos, la modernización del marco legislativo y los estímulos a la inversión extranjera. (Alba Sud, 2010).

Volviendo al escenario actual, el representante para las Américas de la OMT, Carlos Vojeler, ha manifestado en más de una ocasión que resolver el problema de la inseguridad ciudadana real y la percibida es el mayor desafío que afrontan los países centroamericanos para atraer a los turistas. Otros de los desafíos para la región en lo referente al sector del turismo son el desarrollo de infraestructura hotelera, comunicaciones viales, aeropuertos e interconectividad aérea, así como la calidad de la competitividad en precios.

 

El desafío de la seguridad ciudadana

Los Estados centroamericanos, al igual que el resto de Latinoamérica, muestran grandes déficits en materia de justicia y seguridad ciudadana, según el último informe regional de seguridad ciudadana del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2013). Esto se refleja en altos índices de impunidad, sistemas carcelarios desbordados y desconfianza generalizada hacia las instituciones de justicia y ciudadanía.

Debido a que esta cuestión afecta a varios países, la atención a nivel supranacional es obligatoria, sirva de ejemplo el rol desempeñado por el CCT, organismo que ha presentado el “Manual regional de buenas prácticas en seguridad turística” (2013), sin embargo hay que señalar que la delincuencia no es homogénea y se debe atender esta problemática desde una política pública con respuestas diferenciadas en función del nivel de organización y los espacios donde éstas operan. También hay que tener presente las diferencias subregionales que existen, como la intensidad de la violencia en el triángulo superior del istmo (Guatemala, Honduras y El Salvador).

Uno de los factores determinantes de esta cuestión es la situación geográfica de la región centroamericana, al funcionar como puente entre los países productores de drogas al sur y algunos de los mayores consumidores al norte, pero éste no es el único. Según el Informe del PNUD, las amenazas a la seguridad ciudadana, sobre todo de hombres y mujeres jóvenes, nacen de contextos de vulnerabilidad social, económica e institucional, convirtiéndose en factores de riesgo. Por ello, es recomendable que cualquier acercamiento en materia de seguridad regional no deje al margen el reto aún mayor que supone la promoción del desarrollo humano. En palabras del famoso sociólogo en seguridad ciudadana Dr Constantino Urcuyo Fournier: “Las políticas de seguridad en Centroamérica pasan por una reivindicación de los conceptos de seguridad humana, libertad y desarrollo humano. Entender la seguridad ciudadana como simple defensa del orden público, con olvido de la justicia, es cortar arbitrariamente los vínculos entre los procesos de pobreza, exclusión y resentimiento social que se encuentran, de manera multiforme, en la base de la delincuencia común o de masas” (CIDH, 2008). Entre las recomendaciones del informe se propone la prevención del delito y la violencia a través del crecimiento incluyente, equitativo y de calidad así como la potenciación de la participación activa de la sociedad, en especial de las comunidades locales, en la construcción de la seguridad ciudadana. Para ello se deberían crear programas específicos que permitan impulsar las oportunidades reales de mujeres y jóvenes para que puedan ejercer sus derechos de manera plena, reafirmar su autonomía y superar las situaciones de vulnerabilidad, dependencia y riesgo que les rodean.

Desde MITUR/CORSATUR, en el marco del convenio con la Policía Nacional Civil para el fortalecimiento de la Policía de Turismo de El Salvador, se realizan diferentes acciones que se enmarcan en la coordinación de esfuerzos orientados a la protección e integridad física de los visitantes, prestadores de servicios y miembros de las comunidades receptoras. Entre las actividades destacan los City Tour a los Pueblos Vivos, los cuales incentivan el desarrollo de la economía y participación de la población.

Siguiendo la línea del desarrollo humano, el sector turístico puede llegar a jugar un rol muy importante y darle vuelta al desafío presentado anteriormente ya que el desarrollo humano está relacionado con la ampliación de opciones de las personas permitiéndoles vivir vidas largas, saludables y creativas. Esto no engloba únicamente el incremento y caída de los ingresos nacionales. Se trata de combatir la pobreza, pero sin perder nunca la vinculación de vivir con dignidad y teniendo siempre en el horizonte la libertad humana.

Como medio de prevención de la violencia en el largo plazo se requiere un cambio en el imaginario colectivo que promueva una cultura de paz. Este cambio puede llegar, entre otros, de manos del turismo, como ingrediente para el desarrollo que reduce la brecha econó- mica y en consecuencia desincentiva la delincuencia así como la migración de talentos humanos, especialmente jóvenes; otro problema acuciante en la realidad del pueblo salvadoreño, que a través de Pueblos Vivos busca la forma de fomentar el bienestar de las personas del territorio a través de su desarrollo turístico. El turismo, en especial el nacional, es por un lado motor generador de empleo y por otro, fuente de revitalización social en los territorios que aporta oportunidades, y genera motivación y esperanzas a la población como se ha venido demostrando con el programa PUEBLOS VIVOS en El Salvador. Un programa que se nutre de la esencia de cada persona y municipio. Esta gran oportunidad, decididamente se ha enmarcado en una estrategia de amplio alcance. Pueblos Vivos también se ha diseñado como una oportunidad frente a la crisis de seguridad ciudadana, ya que rescata el valor de las personas y su entorno. Además, ayuda a construir autoestima y orgullo por el lugar y sus activos económicos, lo que facilita la integración social y contribuye a generar alternativas diferentes para el desarrollo humano.

Evolución reciente del turismo en El Salvador

A mediados del 2009 se replanteó la política de turismo, priorizando el turismo interno con el objetivo de aumentar los estándares de calidad de la oferta nacional gracias a una aproximación al territorio completamente novedosa. Este cambio de visión en la conceptualización del desarrollo local asume la centralidad del turismo como punto en el que confluyen otros sectores de la economía al igual que asume la centralidad de lo local como punto en el que confluyen diversidad de actores. En concreto se ha buscado en todo momento la participación activa de la población en todas las actividades, a través de gobiernos locales y de los Comités de Desarrollo Turístico (CDT)

De entre las cifras del último quinquenio destaca el empuje del sector en la economía salvadoreña con un crecimiento de los ingresos totales del 49.4%; teniendo aún mucho margen de desarrollo gracias al potencial nacional.

Entre el potencial turístico salvadoreño se puede mencionar su patrimonio arqueológico e histórico o su biodiversidad y riquezas naturales poniendo en el centro del análisis la calidez humana de la población salvadoreña, su hospitalidad, alegría y entrega total para hacer grata la estancia al visitante, características que ya han dado la vuelta al mundo.

Además de ser una forma de diversificación de la economía, el turismo se ha convertido en una fuente real de ingresos para el Estado por el creciente peso de los ingresos turísticos (IT) en el Producto Interior Bruto (PIB), según el siguiente ratio:

 

En lo que respecta a llegadas de turistas internacionales y a la creación de empleos directos e indirectos de los últimos cinco años, se han superado las metas establecidas en el plan de gobierno.

 

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